Historia del colegio - Colegio Santa María - Marianistas Madrid
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Historia del colegio

Alrededor de 1960 se dio el gran “boom” de la emigración intrapeninsular. A Madrid llegaron muchos emigrantes de otras regiones, y el cinturón metropolitano creció de manera importante, especialmente por el sur. Apenas había infraestructuras.

En octubre de 1964, Mons. Casimiro Morcillo, arzobispo de Madrid, convocó a las Superioras Mayores comunicándoles su deseo de hacer presente la Iglesia en zonas habitadas por familias económicamente débiles; pedía que, por cada Colegio abierto en el centro, se abriera otro en la periferia, ya que la mayoría de colegios religiosos estaban concentrados en el centro de Madrid. Las Religiosas Marianistas acogiendo esta llamada y después de estudiar diferentes zonas de la periferia, decidieron ir al Poblado Dirigido de Orcasitas, al sur de Madrid. Era un barrio con 18.000 habitantes y unos 3.500 niños en edad escolar; sólo había algún centro privado que impartía una enseñanza incompleta. Para la ubicación se tuvo en cuenta la gran necesidad de centros de educación en aquella barriada suburbana y ola posible labor socio-cultural a realizar con las familias del Poblado, provenientes en su mayoría, de una población agrícola migratoria, con los problemas que esto conlleva.

En octubre de 1964, Mª Sagrario López Ruiz, Superiora Provincial en esos momentos, solicitó al Sr. Director General de la Vivienda que las Hijas de María Inmaculada (Marianistas) pudiesen instalarse en el barrio:

“… A Vuestra Excelencia, respetuosamente expone:
Primero.- Que la Congregación de Hijas de María Inmaculada – Marianistas, desea fundar un colegio de Enseñanza Primaria en el Poblado Dirigido de Orcasitas de esta capital con el fin de contribuir a resolver el problema docente que tiene planteado el referido Poblado, que carece totalmente de centros educativos para una población de 20.000 habitantes y en pleno desarrollo…”

Se solicitó la adjudicación de una parcela para la construcción de las aulas, Se adjudicaron 5.100 m2 enclavados en la parcela “D” del polígono.

Después de muchos trámites, se aprobó la solicitud y se adjudicó el anteproyecto al arquitecto D. Luciano Díez-Canedo. El 25 de julio de 1965 se autorizó la instalación de unos locales prefabricados.

1966 – 1972 Se abren las primeras clases y se instala la primera comunidad de Religiosas Marianistas

En el curso escolar 1965-66, las hermanas comenzaron a dar catequesis en el barrio y se abrieron dos clases para 100 alumnas, totalmente gratuitas. A finales del curso 1967, se instaló en los módulos prefabricados la primera comunidad de Religiosas Marianistas, ya que el Instituto Nacional de la Vivienda denegó la solicitud de un piso en dicho Poblado.

Ante la continua solicitud de matrícula, en el curso 1967-68 se construyeron tres clases. En total funcionaban ya seis unidades de Patronato.

En el año 1969, se comenzaron a hacer gestiones para construir un nuevo edificio. En julio de 1969 se aprobó la construcción de un colegio de 2ª Enseñanza en dicho Poblado.

Dada la autorización para impartir la enseñanza en el Poblado, hermanas que formaban la parte de la comunidad de la c/ Mª de Molina se desplazaban diariamente a Orcasitas para impartir las clases. En un principio, estas clases se dieron en los barracones prefabricados que habían usado los arquitectos del proyecto del Poblado. Debido a la demanda de clases, el espacio se hizo insuficiente, estableciéndose dos turnos, de mañana y tarde; por la noche, se iniciaron clases para chicas jóvenes y adultos: corte y confección, Secretariado y cultura general. Estas clases nocturnas permitían a las jóvenes acceder a un trabajo, así como la promoción a las familias con escasa formación. Estas clases daban la posibilidad de obtener un título y, posteriormente, el acceso a un trabajo.

Por fin, se acabó de construir la casa para las hermanas en los locales prefabricados y, en la Navidad de 1967, aún sin luz, se instaló la primera comunidad de religiosas. Los locales prefabricados estaban situados en la antigua c/ Cestona, que pasaría a ser posteriormente Avda. de Rafaela Ibarra.

En 1967 y después de un gran trabajo de colaboración de padres y hermanas, se constituyó la “Asociación de padres de alumnos”. Todos trabajaban muy unidos, los padres colaboraban, más que económicamente, con su trabajo: dedicación de tiempo, atención y entusiasmo. Casa vez se fue estrechando más la relación con las familias. Las hermanas eran muy queridas por toda la labor de promoción que hacían en el barrio.

La inserción del colegio en el barrio se iba haciendo realidad. En 1968 se celebraron las Primeras Comuniones de alumnas del colegio en la parroquia. Tanto el colegio como la parroquia, unidos, hacían un buen trabajo de Evangelización: daban retiros y charlas a los militantes, clases, etc…

La continua petición de plazas hizo que se fuesen aumentando las aulas; las hermanas, con cinco profesoras seglares, impartían todas las clases, tanto diurnas como nocturnas. En 1969, ya había 6 aulas con 300 niñas y unas 100 alumnas nocturnas que formaban un “Centro de extensión cultural de adultos”; por ese motivo, se recibieron ayudas de material del Ministerio de Educación.

Ante este crecimiento, la Administración Provincial adquirió una parcela de 6.200 m2 para construir un nuevo colegio de 2ª Enseñanza. Mientras este proyecto se hacía realidad, las hermanas seguían en los locales prefabricados del Poblado. Se cuidaban las clases de religión, la formación religiosa general de las alumnas a través de las clases, la catequesis de Primera Comunión y Confirmación. Se cuidaba también la formación de matrimonios y familias a través de convivencias, conferencias y charlas, muchas de ellas impartidas por hermanos Marianistas: P. Antonio Bringas, P. Alfredo Colorado y otros.

A comienzos del año 1971 comenzaron las obras del nuevo colegio, después de mucha lucha, idas y venidas a centros oficiales para acelerar la gestión y no siempre con éxito.

En este mismo año, se puso en marcha la Ley Orgánica de Enseñanza (LODE) y, con el fin de ayudar a mentalizar al profesorado y a los padres, se dieron charlas e información a cargo de un hermano Marianista, competente e impuesto en este tema, D. José Barrena.

En el colegio se inició un grupo cristiano para las alumnas, que se unió al movimiento de tiempo libre “Montañeras de Santa María”; éste grupo permitía la formación integral de las alumnas a través de actividades al aire libre en tiempo extraescolar.

La labor educativa iba dando sus frutos. La comunidad estaba plenamente integrada en el barrio, trabajando con las familias del colegio, con los vecinos, con la parroquia y el movimiento obrero.

1972 – 1978 Construcción del Colegio Santa María

Hasta 1972, las clases en los locales prefabricados funcionaron como Patronato; esto llevaba consigo contratar maestros con oposiciones. A partir de 1972, con la nueva Ley de Educación, se solicitó subvención y se comenzó a contratar profesores sin oposiciones.

En el curso 1973/74 se acabaron las obras del nuevo colegio y la comunidad se trasladaron al nuevo edificio situado en c/ Tolosa, 6. Los locales prefabricados dejaron de usarse como colegio, pero seguían allí las actividades parroquiales y la formación nocturna.

Se vivían nuevos tiempos y bastante movidos. Los movimientos obreros en el barrio actuaban con fuerza, empezaban las movilizaciones de los vecinos, ya que el barrio había sido cimentado sobre arcillas expansivas y los bloques de casas estaban deteriorándose y empezaban a resquebrajarse.

En el colegio, desde el Proyecto Educativo, tanto hermanas como profesorado seglar realizaban cursos de actualización con el fin ayudar a las alumnas para afrontar los nuevos problemas de la vida moderna. Profundizaban también la formación religiosa relacionada con la enseñanza, que permitiese formar mejor a las alumnas para que pudiesen trabajar por mejorar la situación del entorno que vivían y, sobre todo, de los más marginados en la sociedad.

A nivel extraescolar, funcionaban las “Montañeras de Santa María”, el movimiento Junior, un equipo de baloncesto y se participaba con el colegio de San Viator en grupos de “cine fórum”, hacían convivencias con alumnas de diferentes cursos para profundizar en valores humanos y religiosos; reflexión cristiana y profundización en la fe con adultos. En el colegio existía un boletín informativo que salía trimestralmente. En el barrio se había creado la Asociación de Vecinos, un club de jóvenes y una biblioteca popular. Esto era un complemento para la formación y promoción del barrio.

En 1974, el Ministerio de la Vivienda intentó desalojar a las hermanas de los locales prefabricados pero, después de varias gestiones, consiguieron quedarse allí.

Los problemas de las viviendas se agudizaban y las casas empezaban a resquebrajarse y a hundirse; muchos vecinos se vieron obligados a alojarse en la parroquia. Los vecinos se movilizaron y comenzaron a manifestarse; a ellos se unieron algunas hermanas en gesto de solidaridad para hacer fuerza en el Ministerio y buscar una solución rápida.

Tanto los locales prefabricados como el colegio se abrieron al barrio y a la parroquia para hacer asambleas y reuniones.

A estos problemas del barrio se añadieron los conflictos entre la enseñanza estatal y la privada. En el colegio “Santa María” había profesores estatales y privados y, por ello, el horario se ajustaba a la normativa estatal.

La Enseñanza popular, los sindicatos, la socialización de la enseñanza… estaban en plena ebullición. Había huelgas de la enseñanza estatal y privada. En medio de esta tensión, las hermanas intentaban cuidar la educación de las alumnas y que quedase lo menos afectada posible por los conflictos.

1978 – 1983 La realidad del barrio va cambiando y la Comunidad y el Colegio dan respuesta a la nueva situación. El Colegio se hace mixto y el barrio inicia su remodelación

En 1978 se vio la necesidad de la presencia de una comunidad de hermanas en los locales prefabricados que siguiera apoyando las actividades del barrio que se realizaban allí. Tres hermanas de la comunidad del colegio pasaron a formar la nueva comunidad de los locales prefabricados, aunque seguían vinculadas al colegio. Además del trabajo en el colegio, participaban activamente en la asociación de vecinos, en las reuniones de religiosas de barrios que buscan trabajar en una misma línea, etc.

En el colegio, las solicitudes de matrícula seguían creciendo. En él se ponía especial cuidado en la formación del claustro de profesores y de los padres. Se cuidaba el área de religión, los tiempos litúrgicos, los grupos de profundización en la fe; se crearon grupos de tiempo libre de adolescentes “Los Routiers”, que sustituirían a las “Montañeras de Santa María”, se empezó a participar en los campamentos de Silos con el movimiento “Cristianos sin frontera”, etc. En general se cuida la pastoral tanto escolar como extraescolar. El profesorado pedía formación Bíblica y, a nivel de claustro, se trabajó sobre Evangelización. Para ello, también los hermanos Marianistas colaboraban con charlas de formación: el P. Martín Valmaseda, P. Alfredo Colorado, P. José Mª Osborne.

El problema de la droga se iba haciendo notar en el barrio. El centro escolar se unió, con la participación de padres y profesores, en la lucha contra la droga. La realidad del barrio iba cambiando; la comunidad y el colegio acogieron la nueva situación para ir dando respuestas a las nuevas necesidades a través de su labor educativa.

En junio de 1979, se originó un incendio en la parroquia por causas desconocidas, quedando arrasada, ya que era de un material prefabricado. Mientras se construyó el nuevo edificio, el colegio se convirtió en el lugar de reuniones para los actos litúrgicos y para todas las actividades de la parroquia. Había un buen ambiente entre la comunidad religiosa, la comunidad parroquial y el colegio.

El curso 1979-80, el colegio, que era sólo de chicas, pasó a ser mixto y entró la primera promoción de chicos.

En el barrio seguían las movilizaciones por su remodelación. Hubo enfrentamientos con la policía y dos jóvenes de Orcasitas resultaron heridos; uno de ellos, Arturo Pajuelo, murió poco después. Las hermanas se unieron al dolor de la familia y todos los colegios del barrio se paralizaron en protesta por dichos enfrentamientos. Estas movilizaciones, al fin, dieron resultado. En el año 1982, el Ministro de Obras Públicas visitó el barrio y la asociación de vecinos. Se donaron árboles que plantaron entre todos los vecinos – hoy es un barrio con mucha zona verde-; las viviendas se fueron construyendo poco a poco.

En ese mismo año, aprovechando la venida del Papa Juan Pablo II a España y su visita a Madrid, se inauguró la nueva construcción de la Parroquia de San Bartolomé, de nueva construcción. Las hermanas participaron en la preparación y recepción del Papa en la Parroquia, quien la bendijo y celebró una Eucaristía multitudinaria en los descampados de los alrededores.

También por estos años, se instaló en el barrio, en la casa del párroco, una comunidad de seminaristas con un formador, que colaboraban en la parroquia y el barrio y con muy buena relación con la comunidad de hermanas.

1983 – 1990 Termina la remodelación del barrio y la Comunidad de Hermanas continúan su labor integradora desde el Coolegio, incrementanso la colaboración con las Comunidades hermanas de Religiosos Marianistas

En el verano de 1983, se cerró definitivamente la comunidad de los locales prefabricados; las hermanas se integraron en otras comunidades. En Orcasitas quedó solamente la comunidad del colegio.

La remodelación del barrio estaba en su fase final. La comunidad de hermanas vivía la misión plenamente en el colegio, insertas a su vez en el barrio y parroquia. La casa donde residía la comunidad era pequeña y estaba adosada al colegio. Ese mismo año, cedieron las aulas de los locales prefabricados a la asociación de vecinos “Guetaria”, con autorización del Ministerio de la Vivienda y de Educación; se le pasaron las competencias a la asociación para seguir impartiendo la enseñanza de adultos equivalente al nivel de E.G.B. Las hermanas siguieron colaborando. Actualmente, sólo queda un aula de los locales prefabricados destinada a biblioteca popular, ya que la asociación adquirió nuevos locales en la c/Cestona.

En ese mismo curso 1983, el colegio contaba con 700 alumnos/as comprendidos entre 4 y 14 años. Enseñanza Preescolar y E.G.B.

En el año 1984 quedó finalizada por completo la remodelación del barrio, después de 10 años. El alumnado creció y también crecieron las dificultades en la enseñanza concertada que se quejaba del poco apoyo estatal, y empezaron las huelgas del profesorado. Con todo, se continuó la formación con padres y profesores, una vez al trimestre.

En junio de 1985, comenzaron las obras de ampliación de la vivienda de la comunidad; se levantó una planta en la que se construyó una capilla, una sala de comunidad y biblioteca, cuatro habitaciones y dos baños. La comunidad asumió la misión de acompañar la formación de las profesas temporales. Éstas trabajaban a tiempo parcial en el colegio, al mismo tiempo que realizaban sus estudios de Teología.

En el colegio, también hubo grandes novedades: se le concedió el Concierto plena para el Colegio: todo el profesorado pasó a ser privado-concertado. La LODE, nueva Ley de Ordenación de la Enseñanza, que estaba empezando a funcionar, exigía que se formase un “consejo escolar” en el que estuviesen representados la titularidad, padres, alumnos y profesores, y así se hizo.

Desde el comienzo, la relación con los hermanos Marianistas de la comunidad de Orcasur fue muy buena. Se tenían varios encuentros al año y colaboraban en las Eucaristías de los alumnos/as del colegio y otras celebraciones. También los hermanos de Carabanchel iban a la comunidad para celebrar la Eucaristía, todos los sábados. Algunas hermanas participaban en los grupos de Confirmación, en Ejercicios Espirituales de BUP y COU del colegio de los hermanos; había una estrecha colaboración.

El barrio de Orcasitas fue logrando muchas mejoras: se formó una escuela de música, un ambulatorio y otros servicios. Por otra parte, aparecieron nuevos problemas: paro, droga, desestructuración familiar, frialdad a nivel religioso, etc. La educación cristiana iba siendo cada vez un reto mayor para el Colegio y la Parroquia. Se aprovechaba en el colegio cuando venían hermanas que trabajaban en otros países para dar testimonio de su tarea evangelizadora en países latinoamericanos y africanos.

El año 1988, Rosa María Hornero celebró en la parroquia su profesión perpetua; fue un acontecimiento para la comunidad parroquial, ya que nunca había visto una celebración así; toda la comunidad parroquial se unió al gozo de la comunidad Marianista. Este gesto se repitió en el año 1990 con la profesión perpetua de Teresa Ferre.

El curso 1989 con motivo del bicentenario del nacimiento de nuestra Fundadora, Adela de Batz de Trenquelléon, hubo muchos actos y celebraciones en el colegio, tanto a nivel de comunidad educativa como de Familia Marianista.

En el curso 1989/90, se le concedió al colegio un aula de ayuda Psico-pedagógica, que le permitió atender mejor a los alumnos con dificultad de aprendizaje, lo cual se iba haciendo cada vez más necesario. También se redujo el alunado de las aulas a 25 por clase, aspecto que favoreció la atención de los niños.

Década de los 90 Cambios en las Leyes de Enseñanza y mayor comunión de las Comunidades Marianistas

Comenzó la década de los 90 con el cambio de la ley de enseñanza: la LODE pasa a ser definitivamente la LOGSE. Esto era un continuo reto para el colegio, pues suponía la formación intensiva del profesorado, tanto seglares como hermanas, y de padres. Se tenía que realizar un “Proyecto Curricular de Centro”, para ello, se necesitaba preparación. Se intensificó la formación con los padres a través de conferencias, convivencias, encuentros personales, para trabajar lo más unificados posible toda la Comunidad Educativa.

Los padres seguían colaborando, aunque el estilo había cambiado; a excepción de las familias que apoyaban totalmente y colaboraban desinteresadamente, cada vez se hacía más difícil el trabajo con las familias, en general debido a las características que iba adquiriendo el barrio. El paro, la droga, el desarraigo, la increencia; los conflictos familiares iban creciendo y haciendo mella, y el clima de inestabilidad aumenta. En ese contexto socio-económico-social y eclesial se trataba de trabajar desde la educación humana y religiosa. Se hicieron proyectos para trabajar en la educación para la convivencia y educación de habilidades sociales para alumnos y padres, aprovechando que el año 1994 era el año Internacional de la familia. Tanto el profesorado seglar como las religiosas se formaban continuamente para afrontar esta nueva realidad cambiante.

El XIX Capítulo Provincial, en su segunda sesión (agosto de 1993), decidió que el Colegio asumiera sólo la enseñanza obligatoria, hasta los 12 años. Así el colegio tendría Enseñanza Infantil de segundo ciclo, 3 a 6 años, y los tres ciclos de Enseñanza Primaria. Se hizo la adscripción a otros centros para asegurar el paso de los alumnos a Secundaria sin problemas: podrían pasar al colegio público Pío Baroja o al concertado de San Viator, con la posibilidad de escoger otros.

En 1995, la LOGSE estaba acabando su periodo de implantación, que estableció la enseñanza obligatoria en dos ciclos de Educación Infantil (0-3 años y 3-6 años); tres ciclos de dos años la Enseñanza Primaria (de 6 a 12 años) y dos ciclos de Enseñanza Secundaria (E.S.O.) que va de los 12 a 16 años, aumentando dos años la enseñanza obligatoria. Era una reforma muy cara en cuanto a recursos humanos y materiales y requería gran colaboración de la familias, cosa que no era fácil en la realidad de eses momento, aunque se notaba un interés creciente en los padres más jóvenes.

Se mejoró la infraestructura aprovechando los espacios que había, se hizo una pequeña capilla, se ampliaron la sala de profesores y nuevas tutorías y se puso comedor para alumnos y profesores en el curso 1996-97. A partir del curso 1997-98, se amplió el horario escolar con una hora complementaria con el fin de reforzar y apoyar la educación, así como la situación económica.
A través de un proyecto sobre “Convivir es vivir” que se consiguió a través del Centro de Recursos para Profesores (CPR), se pretendía educar en valores que ayudasen a ir superando, en los alumnos, las dificultades, intentando cuidar la colaboración con los padres y los abuelos, con el fin de incidir más directamente en las familiar a través del colegio. Se cuidó la enseñanza religiosa que encontraba dificultad en el ambiente de increencia del barrio. Se siguió colaborando plenamente en la parroquia con catequesis de Primera Comunión, grupos de tiempo libre, visita a ancianos, Cáritas, trabajo con familiar desestructuradas, consejo parroquial, etc.

Al mismo tiempo, fue creciendo la implicación de la Comunidad en la Familia Marianista: Fraternidades y Ejercicios Espirituales con los seglares.
Se siguió trabajando con el profesorado en la “Pedagogía Marianista”. Se reforzó la pastoral por parte tanto de religiosas como de seglares que participaban en todas las actividades escolares a nivel de pastoral cristiana. A través de antiguos/as alumnas, la comunidad iba constatando cómo la impronta del Carisma Marianista quedaba en muchos de ellos como algo positivo; ese hecho animó la labor que se seguía haciendo a pesar de las dificultades que se encontraban en esos momentos.

En cuanto a la vida comunitaria, la década de los 90 comenzó con una triste noticia: la muerte del P. José María Ruiz, hermano Marianista de Orcasur, quien era toda una institución en el barrio. En la comunidad se sintió fuertemente esta ausencia porque, como un padre, tenía gran empeño en mantener unidas las dos comunidades Marianistas de Orcasitas, la de hermanos y hermanas.

La comunidad siguió su ritmo de trabajo en el colegio, abierta a la misión de la Familia Marianista y a la realidad del barrio. El año 1994, hubo cambio de Arzobispo en la Diócesis de Madrid: Mons. Antonio Mª Rouco sustituyó a Mons. Ángel Suquía. Al año siguiente, salió el nuevo Plan de Pastoral de la Archidiócesis: “Evangelizar en la comunidad de la Iglesia”, que la comunidad-colegio tendría en cuenta para la elaboración de su Proyecto Pastoral, junto con las directrices del XX Capítulo Provincial de las Religiosas Marianistas de (1995), que acababa de celebrarse en San Sebastián.

El 6 de septiembre de 1997, tuvo lugar, en la parroquia de San Bartolomé la Primera Profesión religiosa de Clotilde Fernández del Pozo, quien había hecho su año de prenoviciado en esta comunidad de Orcasitas. Fue otro motivo para reunirse la Familia Marianista.

La Comunidad vive con fuerza, desde su misión, el proyecto renovador que la Provincia lleva a cabo desde 1990. Se acoge a jóvenes en proceso de discernimiento vocacional; también a la Familia Marianista, parroquia, profesores y familiar del colegio, para celebrar la fiesta patronal de la Inmaculada. Es un momento importante del año para la convivencia y encuentro de todos. A lo largo del año, también se realizan encuentros con los hermanos Marianistas y se comparten los retiros de Navidad.

Los tiempos y las realidades sociales del barrio cambian cada vez con más rapidez. La comunidad es consciente de la fuerza de la educación y en ella pone todo su empeño: en vivir abiertas y solidarias a los acontecimientos que nos envuelve, desde el ámbito eclesial, congregacional, político-social, etc., intentando ser signo y presencia del Reino, con una misión concreta: ser comunidad educativa que interrogue allí donde estamos.

Si cuando empezó la obra del colegio la labor de promoción era primordial, hoy hay una urgencia de educar en valores humanos y religiosos que vayan dando consistencia a la persona; urge también el acercamiento a las familias, cuyos problemas no son ya de infraestructura y necesidades básicas, sino de otro tipo de pobreza más profunda.

Fotos por cortesía de Pilar Castellano Gracia.